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TIMEBAG

FERROCARRIL

(Junio 25 – 19 de 2014)

EN LOS ANTIGUOS TALLERES DEL FERROCARRIL DE ANTIOQUIA UN HOMBRE VIVIÓ HACIENDO ARTE

En los Antiguos Talleres del Ferrocarril de Antioquia un hombre vivió haciendo arte. Harold Ortiz pasó meses  adecuando el taller, reflexionando con el lugar, construyendo obra y la técnica adecuada para hablar del tiempo encarnado en ese lugar lleno de historia. Ocho meses después, más de 5000 personas de toda la ciudad visitaban ese espacio en ruinas y hacían parte de Timebag Ferrocarril de Antioquia.  

Curador: María Luisa Vélez

 

ARTISTA

  • HAROLD ORTIZ

 

En los Antiguos Talleres del Ferrocarril de Antioquia un hombre vivió haciendo arte. Harold Ortiz pasó meses  adecuando el taller, reflexionando con el lugar, construyendo obra y la técnica adecuada para hablar del tiempo encarnado en ese lugar lleno de historia. Ocho meses después, más de 5000 personas de toda la ciudad visitaban ese espacio en ruinas y hacían parte de Timebag Ferrocarril de Antioquia.  

Una reflexión sobre el tiempo y la manera de habitarlo es el punto de partida que llevaría a Harold Ortiz a crear Timebag, un evento que encierra en sí, la conjunción de tres elementos: un lugar con un contexto histórico y social importante, piezas de arte creadas in-situ y una audiencia desconectada del lugar y, en su mayoría, del mundo artístico. ¿Pero qué tuvo que pasar para crear un evento en el que su primera versión llevó alrededor de 5.000 personas a visitar una locación en abandono?

Harold Encontró un espacio para construir su taller de arte, y trabajar con sustancias peligrosas como los ácidos: los antiguos Talleres del Ferrocarril de Antioquia. Allí comenzó un proceso de investigación con el material. “A partir del metal encontré una narrativa y una conexión muy particular que me hizo entender varios aspectos sobre cómo concebimos el orden temporal”, recuerda el artista.

“De las primeras cosas que reflexioné por medio del metal, fue la idea de lo nuevo. Conseguía la lámina de acero nueva, impecable. Pero realmente esa lámina para ser así, había pasado por un proceso en el que una serie de minerales con contenido de hierro, que pueden tomarse cientos de años formándose en la tierra, son intervenidos por el hombre, quien invierte el orden temporal: lo viejo se hace nuevo. A partir de allí surge una categorización a la que el mismo hombre le da atributos morales; lo que es viejo ya no sirve, es desecho. La lámina, supuestamente pulcra, muestra del progreso y el logro de la industrialización y la modernidad, es realmente producto de un proceso que se originó cientos de años atrás. Cuando la manipulo, y ella reacciona con el oxígeno, se protege y crea una capa de óxido. Lo que busca el metal es volver a ser mineral, su estado natural, y nosotros interpretamos ese cambio como decadencia. Me sentía cultivando plantas. El metal parecía vivo al reaccionar con los químicos, algo paradójico si pensamos que normalmente el metal está relacionado con lo frío, lo inerte”. Es así, como Harold explica su proceso de creación. asegura Harold.

Los primeros meses él intentó habitar esos talleres, convivir en esa bolsa del espacio-tiempo sin pensar que estaba en unas bodegas abandonadas, quitándose el orden temporal de la cabeza. Una vez que se desligó del orden pasado, presente y futuro, el segundo ejercicio fue entrar en conversación con el espacio mismo, en el aquí y el ahora, de todo lo que lo componía y de las sensaciones que allí habitaban. Finalmente, encontró nuevos lenguajes que le permitieron hallar una línea de diálogo entre sus reflexiones, lo que lo que contaba el material y los Talleres del Ferrocarril.

“Cuando empecé a atacar la lámina de acero con ácidos para acelerar esos procesos de oxidación, y hacer lo que el tiempo haría en uno, durante decenas o cientos de años, descubrí la manera como creo que estructuramos el pensamiento, categorizando lo que no comprendemos, como el tiempo, y poniéndole etiquetas de bueno o malo. Así que traté con mis obras de poner esto en evidencia –agrega Harold–. El metal me permitió encontrar un aliado para entrar a conversar con el público sobre temas que hace falta cuestionarse, como el tiempo”.

Ocho meses después de habitar ese espacio, Harold invitaría a varios amigos, músicos y otros artistas a crear junto a él en el lugar, que sin proponérselo en un principio, terminó por convertirse en su obra. La idea evolucionaría hasta llegar a la bolsa de tiempo. Por seis días, entre el 19 y el 25 de julio de 2014, los antiguos Talleres del Ferrocarril, en Bello, se convirtieron en una exposición con 10 instalaciones de arte abierta al público, que Además incluía muestras de video y sonido experimental, actividades de fotografía y conciertos.

La ruina, –dice Harold–, no es sólo categoría de decadencia y de pasado. La ruina, es ahora, una estructura hermosa, una nueva imagen capaz de contener lo que fue, lo que ha sido: Es un no tiempo. Después de la intervención de Timebag en los Talleres del Ferrocarril, se podría decir que lejos de ser la expresión del tiempo detenido, como popularmente es descrita, la ruina se define más bien como tiempo contenido. Es el resultado del accionar libre del tiempo, sin obstáculos, que transforma la materia hasta desdibujar el molde inicial y transformarla en su tránsito al origen.