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TIMEBAG

24

(Noviembre 21 de 2014)

24 HORAS DE ARTE EN UNA DE LAS ÚLTIMAS BODEGAS QUE QUEDAN EN EL SECTOR DE INDUSTRIALES DE MEDELLÍN.

Cuatro meses después del evento en los Talleres del Ferrocarril, en Bello, se realizó Timebag 24. Cuatro artistas invitados, junto con el colectivo artístico El Cuerpo Habla, fueron invitados a crear dentro de uno de los pocos edificios sobrevivientes al rápido y drástico cambio que ha sufrido el sector conocido como Industriales, en la ciudad de Medellín, con el inicio de la construcción del proyecto urbanístico Ciudad del Río en el 2004.

Curador: Gabriel Mario Vélez

 

ARTISTAS

  • VÍCTOR GARCÉS

  • SARA HERRERA

  • GABRIEL MARIO VÉLEZ

  • HAROLD ORTIZ

  • COLECTIVO EL CUERPO HABLA 

 

Un lugar en desuso, con un contexto histórico significativo para su ciudad, artistas en residencia que reflexionan a partir de ese espacio, público interesado en experiencias alternativas, y todo lo anterior durante un período de tiempo que puede ir desde un día hasta un mes, son los ingredientes que componen un Timebag.

Cuatro meses después del evento en los Talleres del Ferrocarril, en Bello, se realizó Timebag 24. En esta versión participaron cuatro artistas: Víctor Garcés, Sara Herrera, Gabriel Mario Vélez y Harold Ortiz. Ellos, en conjunto con el colectivo artístico El Cuerpo Habla, fueron invitados a crear dentro de uno de los pocos edificios sobrevivientes al rápido y drástico cambio que ha sufrido el sector conocido como Industriales, en la ciudad de Medellín, con el inicio de la construcción del proyecto urbanístico Ciudad del Río en el 2004.

La referencia a la antigua vocación de este sector de Industriales, escasamente sobrevive en el nombre de la estación del Metro y en el edificio de los Talleres Robledo, hoy sede del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM). La acelerada transformación ha ido desdibujando no sólo el entramado original, sino también la memoria de uno de los mayores ejes de desarrollo de la ciudad. Allí, donde antes había talleres y bodegas, ahora hay complejos de oficinas, hoteles, edificios residenciales y de servicios de salud. Allí donde antes latía el corazón de la industria siderúrgica, ahora se extiende un parque lineal y una zona de picnic.

La bolsa de tiempo propuesta estaba delimitada por 24 horas, un sólo día, el 21 de noviembre de 2014. Durante ese tiempo, y solo durante ese lapso, la audiencia tendría acceso a un lugar actualmente cerrado al público y que originalmente, se piensa, estaba destinado a la industria agrícola y servía para el almacenamiento de granos. Como resultado más de 2000 personas hicieron parte de la bolsa compuesta por varios gestos artísticos que reflexionaron sobre la memoria (Víctor Garcés), la transformación de la ciudad y la relación de ésta con la naturaleza (Sara Herrera), la caducidad (Harold Ortiz) y hechos históricos ya olvidados y procesos de gentrificación (Gabriel Mario Vélez).

La caducidad es una semilla intrínseca en todo lo que nos rodea. Algunas fechas de vencimiento solo las conoce el tiempo. Todo lo que conocemos tiene la muerte grabada en su núcleo: lo que comemos, lo que compramos, el trabajo al que nos dedicamos, las instituciones, nosotros mismos y aquello que crean nuestras manos. Es así como los lugares que habitamos están también condenados a convertirse en ruina. Como expresó Harold Ortiz, “hay fechas de vencimiento que están anunciadas, como aquellas del mercado, pero otras que permanecen ocultas, silentes, a la espera”. Esa fecha brotó hace poco en el sector de Industriales y el cambio ha ido tan rápido que ni los dueños del edificio adoptado por Timebag 24 saben a qué estaba dedicado originalmente.

Pero es el paso lento hacia la muerte lo que conforma la vida misma, es por esto que la ruina nos incomoda, ese recordatorio del fin, de la muerte es el que nos deja sin tiempo y que si la dejamos coger ventaja, sin memoria. Es por esto que el gesto de Timebag se convirtió en una excusa para recordar. Un evento con fecha de caducidad: sólo 24 horas para habitar una bodega fantasma en una de las zonas de mayor impacto urbanístico de toda la ciudad.

Timebag 24 caducó, pero quedaron marcas. Una es el recuerdo vivo de las personas que habitaron una locación inusual, en un espacio donde las huellas originales se están borrando a paso de demolición. Y la otra es la obra de la artista Sara Herrera que permanece grabada en la piel de la bodega. De esta se desconoce su fecha de vencimiento así como la del edificio, pero su presencia sigue allí habitando el espacio como mojón de la memoria del evento y del lugar mismo.